Boca del Río, Veracruz, México Viernes 24 de mayo de 2019
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Abr 22, 2019 / 08:00
Evangelio del Día
Evangelio del Día
Lunes, 22 De Abril
Lunes de la Octava de Pascua
Calendario ordinario

Beato Francisco de Fabriano , San Sotero

Evangelio según San Mateo 28,8-15.
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".
Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.
Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero,
con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'.
Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo".
Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.




San Nersès Snorhali (1102-1173)
patriarca armenio
Jesús, Hijo único del Padre, § 765-770; SC 203

«Jesús salió a su encuentro»
Tú que has estado llorando hasta el amanecer
por las mujeres portadoras de aromas,
concédele también a mi corazón derramar
abundantes lágrimas a causa de tu ardiente amor.
Y gracias a la buena noticia del ángel
que clamaba desde lo alto de la peña (Mt 28,2),
déjame oír el sonido
de la trompeta final que anuncia la resurrección.
De la tumba nueva y virgen
resucitas con tu cuerpo nacido de la Virgen;
te hiciste para nosotros primicia
y primogénito de entre los muertos.
Y yo al que el Enemigo ató
con dolor del pecado corporal,
dígnate librarme de nuevo,
como lo hiciste por las almas en prisión de los muertos (1P 3,19).
Te manifestaste en el jardín a
a María Magdalena,
pero no le permitiste acercarse
al que todavía era de la raza caída.
Manifiéstateme el octavo día
en la grande y última alborada;
y en aquel momento, por favor, permítele
a mi alma indigna acercársete.

CD/JV


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